Vete y no vuelvas

Llevo meses dándole vueltas a cómo volver a escribir, qué tema debería escoger para que fuera interesante, qué videojuego es el indicado para que no sea aburrido. Y como bien he demostrado, eso solo lleva a que no haga nada. Más de dos años con esto parado, con opiniones rebosando mi cabeza y acabo soltando al primero con el que me encuentro. Así que he decidido tomármelo de otra forma; veremos qué tal sale. Por ahora vamos a lo que toca, que es hablar de Titanium Court.

Titanium Court es un juego hecho por AP Thomson, quien participó en Consume Me junto a Jenny Jiao Hsia, uno de los mejores indies del año pasado (muy recomendado). El caso es que esta vez nos trae un juego en el que nos despertamos en una corte de hadas donde somos la única persona humana; nos coronan como reina nada más vernos, pero nosotros realmente lo que queremos hacer es irnos a nuestra casa. Va a ser difícil porque la puerta de la corte tiene 4 cerraduras y no tenemos ninguna llave, así que tocará liderar a esta corte en la guerra y ver qué se puede hacer.

Dicha guerra se juega en dos fases: una primera fase en la que jugamos una especie de Connecta4 o Candy Crush con el terreno, donde cada vez que hacemos «match» ganamos recursos. Y luego una segunda fase en la que gastamos esos recursos en tropas que, o bien generan más recursos o simplemente son soldados. Las runs del juego se separan en varias batallas como esa, con un boss al final. Ganemos o perdamos, el día llega a su fin y nos queda la noche para explorar la corte y hablar con las hadas.

Hasta aquí es un juego peculiar en su diseño, sobre todo en lo visual, pero nada difícil de entender. Mi interés con este juego viene de la parte de la narrativa y el guion. Según van pasando los días, descubrimos que sobre la corte que lideramos han sido echadas varias maldiciones, que pronto descubrimos que al romperlas nos recompensan con una llave para la cerradura de la puerta. Queremos volver a casa y esto es un videojuego, la palabra maldición suena a algo de lo que te quieres librar, ¿no?

Según vamos levantando maldiciones y consiguiendo llaves para poder salir de la corte, empiezan a pasar cosas extrañas: las hadas comienzan a quedarse estáticas, repiten el último diálogo que te dijeron, completamente en bucle. Desde el principio del juego, Puck, tu consejero, se dedica todo el día a evitarte para no contestar tus preguntas, hasta la noche, donde poco a poco te empieza a dar respuestas una por una. Así que intentar preguntarle por qué están pasando estas cosas en la corte es lo que parece más sensato. ¿Tengo que romper las maldiciones para ayudar a la gente que se queda estática? ¿La guerra acabará en algún momento? ¿Por qué me evitas?

Titanium Court te invita a irte muchas veces, para escapar solo necesitas 4 llaves de las más de 10 que hay en el juego, te puedes ir cuando tú quieras. Puck te responde casi siempre de forma agresiva, o pasivoagresiva, no quiere responderte, porque sabe que las respuestas son limitadas. Así te lo hace saber cuando te quedan pocas preguntas por hacerle. Pero claro, esto es un videojuego, buscamos ser más listos que el hambre, y yo, como si no hubiera otra posibilidad, me quedé. Quería sacar los logros, te los dan con cada maldición rota, quería hacerlo todo. Porque seguro que así enmendaba todo mal hecho.

La corte se te presenta desde el principio como algo onírico, en un perpetuo conflicto con unos perpetuos problemas, pero la gente que vive allí parece feliz. Como protagonista querías volver a tu casa, pero poco a poco ves que te tratan con tanto respeto, no por ser la protagonista de la historia, sino por ser tú, esa persona detrás de la pantalla, esa persona que hace lo que quiere con su mundo. Puck te tenía miedo y no te quería dar respuestas porque sabía que no pararías hasta sacarle todo el diálogo posible, hasta que no tuviera nada más que decir.

Acabar Titanium Court es muy agridulce, los videojuegos nos han enseñado durante décadas que los mundos ficticios que nos presentan se construyen a nuestro alrededor, por y para nuestra aventura. Es refrescante este enfoque, y triste que sea demasiado tarde para cuando nos damos cuenta de que no hay vuelta atrás. La única forma de que la corte tenga esperanza es salir por la puerta y no mirar atrás.

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